Quieren descender por el río Sil y desde su desembocadura en el Miño para llegar al océano Atlántico.
Los hermanos tolosanos Iñaki y Carlos Peña, especialistas en culminar travesías por los ríos nadando sólo a la modalidad de espalda, van a batir este verano todas sus marcas personales. Del 1 al 17 de agosto, estos intrépidos aventureros tienen la intención de completar cuatrocientos kilómetros a nado –y a espalda, naturalmente-, por los ríos Sil y Miño, entre las localidades gallegas de Cueto Albo y La Guardia. Es el más difícil todavía, tras sus hazañas anteriores de 200 kilómetros (Logroño-Zaragoza por el Ebro, diciembre 1989) y 340 kilómetros (río Miño, septiembre 1990).
Iñaki Peña González de Uriarte, de 22 años, es estudiante de electricidad. Miembro de la Unidad de Rescate de la Cruz Roja de Tolosa, experto nadador y socorrista en la modalidad acuática, es también submarinista deportiva y socorrista de la Federación Española de Salvamento y Socorrismo. Su hermano Carlos Peña tiene 26 años y es coordinador deportivo del Ayuntamiento de Lodosa (Navarra). Delineante industrial, monitor nacional de atletismo y tenis de mesa, y también miembro de la unidad de rescate de la Cruz Roja.
En torno a esta aventura se ha organizado una nueva expedición, en la que participarán, junto con los dos hermanos, otras tres personas que ejercerán labores de ciclismo de apoyo y enlace en un land-rover: Agustín Etxarte, de 23 años; Jesús María Ramírez, de 29 años, e Ivon Vicente, de 20 años.
Por lo demás, las características de la aventura Sil-Miño 91 son equivalentes a las expediciones anteriores. Etapas de 25 kilómetros diarios (9 o 10 horas nadando), parando cada dos o tres horas en la orilla para reponer fuerzas pero nunca saliendo del río hasta completar la etapa. “Es importante comer cada poco tiempo porque de lo contrario los cuerpos pierden calor y el frío se hace insoportable”, precisan estos jóvenes. Los hermanos Peña volverán a vestir sus trajes especiales de neopreno de 4.8 y 7 milímetros, indispensables para llevar a cabo una aventura de este tipo.
“Más que el cansancio, el mayor enemigo de este tipo de pruebas es el aburrimiento, la monotonía”, han declarado los hermanos a los medios informativos tras sus dos travesías anteriores. También es una dificultad añadida a la prueba, sin duda, el carácter agreste y un tanto inhóspito de algunas zonas del Miño que ya conocen del año pasado. “Fueron entonces los peores momentos, porque perdíamos el contacto con nuestro equipo de apoyo y no podíamos descansar en la orilla para reponer fuerzas”. Tampoco podemos olvidarnos del posible bajo nivel de las aguas, que ha sido hasta ahora uno de los factores determinantes de las expediciones anteriores. “La falta de agua en ciertos tramos nos ha solido provocar roces, magulladuras, y un agotamiento tremendo”, precisan Carlos e Iñaki.
Los Peña y sus ayundantes han desarrollado un exhaustivo estudio de la zona, mediante mapas catastrales, para perfilar las dieciocho etapas de la expedición: La Custa, embalse de las Rozas, Santa Cruz del Sil, embalse de Bárcena, Villapalos, embalse de Pumares, embalse de Santiago, Villaster, Rairos, Doade (carretera), embalse de San Esteban, Orense, Castrelo, Freira, Medanes, Baños, Carragal de Abajo, y La Guardia. Resumiendo: todo el curso del río Sil, y desde su desembocadura en el Miño hasta que éste vierte sus aguas en el Océano. Cuatrocientos kilómetros en diecisiete días. Casi nada.
El presupuesto de la aventura asciende a 604.000 pesetas, desglosando en (redondeando cifras): alimentación, 78.400; alquiler del vehículo, 196.000; alojamiento, 170.000; material fotográfico, 125.092; gasoil, 20.000, y peajes, 15.000. Que la suerte les acompañe nuevamente.
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