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NOTICIA

DOS HERMANOS TOLOSANOS PODRÍAN ENTRAR EN EL LIBRO GUINNESS POR HABER NADADO A ESPALDA TODO EL CURSO DEL RÍO MIÑO

Noticia del 07/12/1990 - EL DIARIO VASCO

Iñaki y Carlos Peña permanecieron 140 horas en el agua y recorrieron 340 kilómetros en catorce días.

Los hermanos tolosanos Iñaki y Carlos Peña, de 24 y 21 años respectivamente, podrían homologar su última aventura en el libro Guinness de los récords. Estos intrépidos muchachos nadaron en sólo catorce días (del 17 al 30 de septiembre) los 340 kilómetros del río Miño, en Galicia, desde Meira a La Guardia, pero lo sorprendente es que cubrieron todo el trazado nadando sólo a la modalidad de espalda. No hay precedentes de un registro similar en el Guinness (existen contabilizadas hazañas de mayor dificultad, pero solamente en la especialidad libre), por lo que Iñaki y Carlos confían en inscribir sus nombres en el famoso libro. Pronto sabrán si se confirma esta noticia.

Iñaki Peña Gonzáles de Uriarte es estudiante de electricidad. Miembro de la Unidad de Rescate de la Cruz Roja de Tolosa, experto nadador y socorrista, submarinista deportivo, y socorrista de la Federación Española de Salvamento y Socorrismo. Su hermano Carlos es delineante industrial, aunque trabaja como técnico-coordinador municipal de deportes de Lodosa (Navarra). Es monitos de atletismo y técnico de la Comisión de Deportes Ribera Alta de Navarra.

Los dos aventureros tolosanos tuvieron un importante equipo de apoyo, formado por el médico José Maria Vázquez (que atendió un derrame en el ojo de Iñaki, curó tendinitis, heridas en las articulaciones, practicó curas a las muchos rasguños provocados por la falta de agua…) ; el técnico en video Gorka Arnal –responsable de unos notables reportajes de video y fotografía sobre la aventura, testigo del récord Guinness, y encargado también de prestar todo tipo de apoyo a los nadadores- ; y Jesús Fariñas –enlace directo con los aventureros, recorría la orilla del río en bicicleta y tuvo muchas dificultades para desarrollar su labor en muchos tramos debido a lo abrupto del terreno-.

Veinticinco diarios

Iñaki y Carlos Peña registraron un promedio de 25 kilómetros diarios (de 9 a 10 horas cada jornada), y atravesaron tramos realmente peligrosos: desde rápidos –“aquí teníamos que ir con las piernas por delante para evitar golpes”, dice Iñaki-, hasta cinco embalses “perdimos contacto con nuestro equipo y no podíamos descansar en la orilla; fueron los peores momentos y recuerdo incluso que en la etapa que atravesamos el embalse de Belesar llegamos de noche”, y todo ello agravado por la falta en agua en muchas partes del río “ello nos provocaba roces, magulladuras, y un agotamiento tremendo”.

Los hermanos tolosarras se levantaban hacia las ocho de la mañana desayunaban fuerte, y para las nueve ya empezaban a nadar. Cada dos o tres horas, aproximadamente, paraban a descansar en la orilla, reponían fuerzas, y recobraba calor. “En cada parada teníamos que beber mucho agua y vitamina C. Eran comidas rápidas, de diez minutos, y proseguíamos la marcha hasta el siguiente descanso. Era importante comer cada tres horas, porque si no, perdíamos calor y el frío se hacía insoportable”. Vistieron trajes de neopreno de 4,8 y 7 mm “indispensables para llevar a cabo una aventura de este tipo”.

Se da la circunstancia de que ninguno de los expediciones había estado antes en el río Miño. Los Peña y sus ayudantes si desarrollaron un exhaustivo estudio de la zona, mediante mapas catastrales, y perfilaron así las etapas que después cubrieron según lo previsto: Meira, Santa Leocadia, Ponte Vilar, Lugo, Piñeiro, Puerto Marín, Currelos Segan, Nogueiram Melias, Puga, Merens, San Juan de Albeos, Santa María de Liñares, Tuy, y La Guardia. Durmieron en un viejo edificio que fue manicomio de Vilapedre. Pero ellos no están locos, a pesar de que lanzarse a realizar una aventura de este tipo tiene cierta dosis de “locura”.

Dificultades y ayudas

Iñaki recuerda especialmente las vicisitudes vividas en algunas etapas, como Tuy-Laguardia, “cuando el viento era tan intenso que nos teníamos que parar continuamente en la orilla a descansar”, o Santa María-Tuy, “con unas condiciones climatológicas muy adversas, lluvia y viento sin parar”, o Puerto Marín-Segán: “A esta última localidad llegamos de noche tras atravesar el embalse de Belesar. Fue una etapa difícil, porque el equipo de apoyo no nos pudo seguir y tuvimos que nadar hasta bien entrada la noche”, o Albeos-Liñares, “en la que atravesamos una zona de aguas bravas y aquí sé que fuimos conscientes de que nos estábamos jugando la vida”.

Sobre los aspectos psicológicos, nos parece significativa una idea expresada por Carlos Peña a un rotativo navarro. “Diez horas diarias a nado invitan a pensar sobre muchas cosas, -decía Carlos-, por lo que debes concentrarte en tu labor. Si no, cuando surgiera un problema, abandonarla de inmediato. La carta psicológica de debes aguantas es enorme, y creo que para las próximas aventuras deberíamos contactar con algún psicólogo deportivo que nos ayude en nuestra preparación”.

Por último, añadir que el presupuesto de la aventura “Miño 90” ha sido de 833.300 pesetas. Han colaborado el Ayuntamiento de Tolosa, Urdiñal, Sonar, Antxeta, Foto Lehen, Emua, S.A., Shanti Kirolak, y Rotulaciones San Vicente. A todos ellos, los expedicionarios tolosanos desean agradecer “la ayuda prestada”.

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