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NOTICIA

DOS JOVENES ESTABLECEN UN RÉCORD AL ATRAVESAR
EL MIÑO NADANDO DE ESPALDAS

Noticia del 13/10/1990 - DIARIO DE NAVARRA

La hazaña se desarrolló durante catorce días

Los hermanos Carlos e Iñaki Peña, dos jóvenes tolosarras, recorrieron con éxito el río Miño (Galicia), nadando de espaldas los 340 kilómetros de que consta. De esta manera establecieron un nuevo récord del mundo que, no obstante, debe ser homologado por el Guinness de los récords. La proeza se desarrolló durante catorce días, en concreto entre los días 17 al 30 del pasado mes de septiembre.

Los protagonistas de este nuevo récord, ambos naturales de Tolosa (Guipúzcoa) son Carlos Peña residente en Lodosa y su hermano Iñaki Peña, vecino de Tolosa, que estuvieron acompañados en la expedición por el médico José María Vázquez, Jesús Fariña, como ciclista de enlace y Gorka Aznar, como encargado del material audiovisual.


La aventura comenzó en Meira, localidad donde nace el río Miño, y concluyó en La Guardia, en plena desembocadura en el Océano Atlántico. En total llevaron a cabo catorce etapas de unos 25 kilómetros diarios, atravesando las provincias de Lugo, Orense y Pontevedra. Según los hermanos Peña “a lo largo del trayecto nos encontramos con unas primeras etapas de poco caudal de agua, lo que nos impidió la utilización de aletas”.

Los nadadores, que iban equipados con trajes de neopreno, padecieron ese problema a lo largo de los primeros 125 kilómetros. Posteriormente, una vez que llegaron a Orense, emplearon aletas hasta llegar al embalse de Belesar, de 80 kilómetros de longitud, 400 metros de anchura y 300 metros de profundidad. Allí, según manifiestan, tuvieron que realizar un duro esfuerzo psicológico “ya que nos parecía que no se acababa nunca”. A las mencionadas características del embalse se unió el hecho de que estaba rodeado por montes, lo que hizo imposible que el equipo de apoyo les pudiera seguir de cerca para prestarles ayuda.

Más tarde se encontraron con cuatro embalses más, de similares características. Los nadadores, padecieron el problema de que los componentes del equipo de apoyo no les pudieran suministrar ni agua ni los alimentos necesarios. Y en la décimo segunda etapa tuvieron que resistir los rápidos y las aguas bravas de Pontevedra, con varios remolinos que intentaron arrastrarlos.

Al día siguiente se introdujeron en la ría del Tuy, donde se encontraron con una galerna procedente del océano, lo que creaba olas de un metro de altura impidiéndoles el avance normal. En la última etapa, debido a la subida de la marea, tuvieron que ser ayudados por una lancha de Cruz Roja, indicándoles a su lado por dónde debían nadar para aprovechar las corrientes favorables.

NUEVO HORAS EN EL AGUA

La jornada de los expedicionarios comenzaba a las siete de la mañana, para que los protagonistas de la aventura se introdujeran en el agua a las ocho, donde permanecían por espacio de nueve horas. El costo de la expedición ha sido de 822.222 Pesetas, de las que los expedicionarios pagaron 150.000 Pesetas, y el resto fue costeado con la aportación de diversas firmas patrocinadoras.

La alimentación de los nadadores estaba basada en hidratos de carbono, abundantes cereales, ayuga con sales y vitamina C. Ambos protagonistas adelgazaron al final de la aventura tres kilos respectivamente. Durante los catorce días dormían normalmente en el suelo de tiendas de campaña y los propios expedicionarios cocinaban la comida.

Los nadadores se alimentaban cada ocho kilómetros en las zonas donde había puentes favorables al equipo de apoyo. Entre los problemas físicos padecidos, cabe reseñar una conjuntivitis de Iñaki Peña, además de una tendinitis en la mano izquierda sufrida por este último. La proeza tuvo su reflejo en los medios de comunicación gallegos, con el especial eco en el diario “El Progreso”, “El Correo Gallego”, “El Faro de Vigo”, “La Voz de Galicia”, TVE en Galicia y las productoras “W” y “Edi-media”.

LO INTENTARÁN CON TODOS LOS RÍOS DEL ESTADO

Consultados sobre la motivación que han tenido para intentar establecer un nuevo récord, los hermanos Peña contestaron que tras recorrer en el invierno del año pasado el río Ebro, entre Logroño y Zaragoza, les hizo pensar en un trayecto más largo. Y, actualmente ya piensan en recorrer todos los ríos del Estado Español. “Sobre todo por la necesidad de aventura que no encontramos en la vida cotidiana. Nos consta (siguen comentando) que este tipo de proezas no se realizan ni a nivel mundial.

Por lo que respecta al tiempo de preparación de esta expedición, estuvieron seis meses entrenándose, Carlos en el río Ebro y en las piscinas de Lodosa y su hermano en las piscinas de Tolosa y en el mar Cantábrico. Para ello realizaban simultáneamente circuitos de resistencia en gimnasios. Todo ello con un promedio de tres a seis horas diarias. Todavía no saben cuál será el siguiente río, pero esperan recorrer de 600 a 700 kilómetros el próximo año. Y tienen la intención de diseñar un nuevo tipo de aletas que sean más cortas, anchas y elásticas, e inventarán un recipiente para portar agua ellos mismos. Finalmente relataron que se encontraron con muchas algas, truchas, patos e incluso aves rapaces.

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