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NOTICIA

EL LAGO TITICACA, A NADO

Noticia del 29/09/1995 - DEIA

El joven nadador tolosarra, afincado en Lodosa, Carlos Peña, de 30 años, viajará este lunes a Bolivia, para comenzar la preparación de la que será su mayor aventura deportiva: cruzar el Lago Titicaca, entre Perú y Bolivia. Una larga travesía a nado de 180 kilómetros, durante quince días, por las frías aguas (10 grados) del segundo lago más grande de Sudamérica y el lago navegable más alto del mundo, emplazado a 3.812 metros de altitud.

Con una moral de hierro y centenares de horas de entrenamiento entre ríos, corrientes, rápidos y presas, el joven tolosarra, afincado desde hace ya muchos años en Lodosa, Carlos Peña, de 30 años de edad, viajará este próximo lunes hasta La Paz para iniciar dentro de dos o tres semanas la que será su aventura deportiva más rocambolesca y arriesgada de las acometidas hasta ahora: cruzar a nado el mítico Lago Titicaca.

El experto nadador lodosano, que tiene en su haber otras muchas hazañas deportivas – Tales como haber cruzado a nado el Lago Ness, el Estrecho de Gibraltar o el Río Neretva (ex-Yugoslavia) – admitió ayer que atravesar el Titicaca es lo más difícil y arriesgado que ha realizado hasta el momento. Además de la enorme distancia (180 kilómetros que espera cubrir en unos quince días, nadando una media de ocho horas diarias) Peña tendrá que hacer frente a las bajas temperaturas del agua, en torno a los 12 grados, ya que Titicaca es el lago más alto del mundo, y está emplazado a 3.812 metros de altitud. Para solventar ese problema utilizará un traje especial de siete milímetros de espesor aunque, según indicó ayer, es imposible garantizar que no entre nada de agua. “A pesar del esfuerzo, y de las altísimas temperaturas exteriores, a las tres o cuatro horas se empieza a pasar frío, coincidiendo con la pérdida de calorías. Por eso es muy importante – explicó – beber agua constantemente y dosificar la alimentación, de la misma forma que hacen los ciclistas”.

Ocho horas diarias nadando

Para llevar a cabo esta aventura sin precedentes, Carlos Peña contará con el apoyo permanente de su amigo, y especialista en masaje deportivo, Jesús Remirez Irisarri. La Embajada de Bolivia en España ha acogido el proyecto con gran interés y, de hecho, ya se ha ofrecido al nadador una embarcación de apoyo en la que podrán pernoctar los días que lo necesiten, tanto Peña como sus dos colaboradores: Jesús Remirez Irisarri y Joki Orce Urteaga. Esto sólo sucederá algunos días, ya que, en la medida de los posible, tratarán de pasar el mayor número de noches en las pequeñas islas desperdigadas por el enorme lago. Tras la llegada el martes de La Paz, Carlos Peña continuará al menos durante tres semanas sus entrenamientos y el periodo de aclimatación a la altura. Finalmente se iniciarán, las catorce durísimas etapas a nado, primero de cuatro horas diarias y luego de ocho, siempre de espaldas y con el único apoyo de dos aletas de fabricación casera.

Un lago mítico

El lago Titicaca fue el centro de dos grandes civilizaciones: la de los aimarás y la de los quechúas, de las que existen numerosos vestigios en la península de Copacabana y en la isla de Coatí. La cuenca del Titicaca constituye la última subdivisión de las altas tierras centrales y es uno de los focos más importantes de las culturas antigua y moderna. Hoy día pertenece a Bolivia la parte oriental, que s la más pequeña, y la mayor, la occidental, es de Perú. El lago se asienta sobre una impresionante brecha abierta a 3.812 metros. Su máxima anchura es de 66 kilómetros y su superficie total de 8.300 km2.

Este singular aventura admite que para llevar a buen término una empresa deportiva de esta dificultad se precisa de una preparación muy intensa. Carlos Peña nadó en Enero 60 kilómetros, durante dos días seguidos, por las aguas del río Neretva, en la ex-Yugoslavia (en plena guerra de los Balcanes en misión humanitaria), y en junio pasado participó en el descenso a relevos del río Ebro, durante 48 horas. Pero no son esas las únicas aventuras que figuran en su curriculum deportivo. En Diciembre de 1989 recorrió durante seis días los 200 kilómetros del río que separan Logroño de Zaragoza; en Septiembre de 1990 nadó 14 días (340 kilómetros) por el río Miño; en Agosto de 1991 hizo lo propio durante 17 días entre el Sil y el Miño (400 kms); en Septiembre del 92 atravesó el Embalse de Yesa por su vertiente más larga (26 kms ida y vuelta) en un tiempo de 8h. 40m; y en agosto de 1993 cruzó el popular Lago Ness (39 kms en dos días). Más recientemente, en Septiembre del 94, demostró que a pesar de las impresionantes corrientes, cruzo a nado en 7h y 8 min el Estrecho de Gibraltar. Carlos es un hombre tremendamente inquieto. Todavía no ha iniciado su “locura” en el Lago Titicaca y ya está pensando en otras dos aventuras sobre el agua: atravesar a nado el Canal de la Mancha y la Presa de Asuán.

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