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NOTICIA

CARLOS PEÑA, DE LODOSA, RECORRERÁ
NADANDO DE ESPALDAS 70 KILÓMETROS DEL EBRO

Noticia del 26/03/1994 - DIARIO DE NAVARRA

Atravesará el tramo comprendido entre Lodosa y la Puebla de la Barca (Alava)

Ha nadado en el Miño, en el pantano de Yesa y su última travesía fue en el mítico lago Ness, en Escocia. Se trata de los hermanos Iñaki y Carlos Peña, dos tolosarras afincados en Lodosa. La próxima aventura, aunque esta vez sólo lo intentará, aunque esta vez sólo lo intentará Carlos Peña, consistirá en nadar de espaldas los 70 kilómetros del río Ebro que separan la Puebla de la Barca (Alava) y Lodosa. Es la primera vez en todo el mundo que se va a intentar cubrir esta distancia nadando de espaldas y su gran dificultad estriba en que Carlos lo intentará en una sola etapa, cuya duración prevista se estima en unos quience horas. La aventura tendrá lugar el sábado día 9 de abril y la hora de salida será a las 6,30. La llegada está fijada en el término de “El Medianil” de Lodosa. Para intentar batir este récord, Carlos Peña contará con un equipo de apoyo por tierra y otro por río, compuesto por José Manuel Campo, Tomás Abadía, Jesús Remíres, Iñaqui Peña y Roberto Lazarra, juez de actividades subacuáticas. Para el nadador esta aventura entraña una enorme dificultad, sobre todo por la distancia “pues será necesaria una gran resistencia, además de una gran preparación psíquica y física en las que habrá que dosificar muy bien las fuerzas, salir muy motivado y estar compenetrado con el equipo”. Peña dispone de un equipo con un traje de buceo de neopreno, de 4,7 mm. de espesor, dos aletas especiales de 70 cms. de largo adaptadas con fibra de vidrio y unas paletas de aluminio para las manos cuyo grosor es de 3mm. El presupuesto correrá a cargo del propio Carlos y ronda las cien mil pesetas.

¿Cómo prepara una travesía de este tipo?

Yo he nadado en ríos y embalses. Pero éste es un reto muy especial para mi. Al realizarlo aquí, en casa, tengo más miedo a fallar y tal vez haya gente que lo pueda ver con una perspectiva diferente.

¿Qué preparación física se necesita para este tipo de pruebas?

Desde luego, exigen un gran sacrificio y una preparación muy larga. Para esta prueba, han sido seis meses de entrenamiento. Primero hice una preparación invernal a base de mucho gimnasio, y más tarde, empecé a nadar todas las semanas un mínimo de 15 kilómetros. Esta preparación, según se ha ido acercando la fecha, la he ido intensificando, también llevo un control de comidas tomando vitaminas e hidratos de carbono.

¿Dónde se nada mejor, en lago o en río?

Nadar en río siempre es más peligroso, pues nunca sabes lo que hay en la próxima curva, puedes meterte en un rápido, estrellarte contra una piedra o clavarte una rama que no has visto. Los embalses son teóricamente más pacíficos, aunque siempre hay condiciones especiales. Por eso el río es más peligroso, tienes que estar pendiente de unos factores que hacen que no puedas mantener un ritmo constante.

¿Cuáles serían las condiciones idóneas para esta prueba?

Sobre todo la temperatura, entre 15 y 17 grados sería lo ideal, luego el caudal, que también sea normal para que el río no baje muy rápido y pueda ir cómodo”.

Cuando está nadando tantos kilómetros. ¿Qué le pasa por la cabeza?

Eres consciente de que tienes que superarlo. Sólo se piensa en que debes sufrir mucho para llegar y es muy importante que la mente esté despejada.

¿Qué te impulsa a realizar este tipo de cosas?

No sabes en que balanza ponerlo. Económicamente, tengo la desgracia de no ganar nada. Además no contamos con ningún tipo de ayudas. Por eso lo que verdaderamente te impulsa es que has logrado una meta y después de tanto tiempo preparándolo, la satisfacción que se siente se inenarrable. Es muy triste que no se apoye esto a nivel de federación o ayuntamientos, máxime cuando es una cosa que no se hace con afán de lucro y solo se pretende cubrir gastos.

Los hermanos Peña González de Uriarte comenzaron este tipo de aventuras en el año 1989, nadando de espaldas los 180 kilómetros del río Ebro entre Logroño y Zaragoza en seis etapas. Al año siguiente consiguieron nadar 340 kilómetros de longitud del río Miño. La aventura duró 14 días. En agosto del 91, hicieron la travesía Sil-Miño de 400 kilómetros, divididos en 17 etapas. En septiembre del 92 atravesaron el pantano de Yesa ida y vuelta, empleando 9 horas y recorriendo 28 kilómetros. Por último, en septiembre del 93, nadaron a espaldas los 39 kilómetros del Lago Ness (Escocia) empleando doce días.

A pesar de todos los méritos acumulador no figuran en el Guinness de los récord que sólo incluye los récords que se logren en estilo crowll.

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