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NOTICIA

EL HOMBRE-PEZ Y EL HOMBRE-PAZ

Noticia del 05/08/2007 - GERMANTXU

Llegada al Abra. Domingo 5 de Agosto de 2007, 18,15h.

EL PROYECTO

- "Es una especie de deportista que realiza acciones por la paz y el medio ambiente", me decía Josemi al otro lado del teléfono.

- "Ya, y ¿qué es exactamente lo que hace?", le preguntaba yo.

- "Nada" - "¿Cómo que no hace nada? ¿Pero no me has dicho que hace cosas por la paz?", repliqué sorprendido.

- "No, tontaina, digo que practica natación: que nada en lagos, ríos, costas..."

Carlos Peña, tolosano de la quinta del 65, nadador atípico, tanto por su estilo como por sus planteamientos, métodos y objetivos. Uno de esos personajes que la suerte pone en tu camino para devolverte de manera pertinaz la fe en el ser humano. Quien quiera, puede echar un vistazo a su página web www.carlosaventurero.com y lo ve por si mismo.

Hace ya unos meses, Carlos se propuso hacer un llamamiento a la paz, un llamamiento general, sin nombres ni partidos, un sencillo proyecto a través del cual subrayar la necesidad de algunos de nosotros por vivir en paz. En una región como el País Vasco, tan dramáticamente politizada hasta los extremos más absurdos, un gesto como éste siempre se ve acompañado de unas connotaciones inevitables que Carlos, merced a su gran experiencia, sabe sortear con bastante arte.

La idea era nadar, lo que para él es un placer, un reto y una forma de expresión todo en uno, desde Hondarribia hasta Getxo. Es decir, nadar las 80 millas (150 kms) que componen la costa vasca desde el este hacia el oeste braceando en uno de los mares más cabroncetes de esta parte del mundo: el golfo de Bizkaia. La travesía se haría en 5 días cubriendo en cada uno cerca de 20 millas (30 kms) de costa a razón de unas 8 horas al día nadando. Eso supone una velocidad media sobre el fondo de 2,5 nudos (3,75 kms/hora).

En cada una de las etapas, al llegar a tierra, se haría una parada celebrando un pequeño acto público en el que se leería un manifiesto de unos pocos párrafos con la intención de avivar el deseo de paz entre aquellas personas que quisieran aportar, con su presencia, el oxígeno necesario para prender la llama de esta iniciativa. Una rueda de prensa en la meta de Getxo, ante los medios, cerraría la aventura. El orgullo de ser parte del equipo.

EL EQUIPO

Carlos tiene ya un considerable palmarés como activista: ha nadado a lo largo y ancho de España, Europa e incluso América, y su inagotable energía tanto dentro como fuera del agua le empuja a contactar con aquellas personas de las que confía obtener un buen asesoramiento y ayuda para planificar cada una de sus aventuras. Lo primero fue formar su guardia personal, el equipo más cercano involucrado en las tareas puras de la natación. Su amigo Jesús (Chucho), con el que ya ha compartido muchas travesías fue el primero y le siguieron Iñigo y Juanjo.

Mientras Carlos nada, Jesús e Iñigo, con sendas piraguas, se sitúan a sus flancos a una distancia suficiente para permitirle nadar a gusto pero lo bastante cerca para acudir a su lado en caso de problemas. Además cumplen con la importante función de ir corrigiendo su rumbo a lo largo de la travesía para evitar que Carlos se desvíe. Mientras tanto, Juanjo se encarga de las tareas de apoyo en tierra: acarrear las piraguas antes y después de la travesía, hacer el seguimiento, contactar con los alojamientos, provisión de víveres... y todo ese gran esfuerzo que se realiza en la sombra pero que es vital para la buena marcha del proyecto.

Además, para esta travesía en la mar requirió el asesoramiento de Isabel, bióloga del instituto tecnológico pesquero Azti, para establecer la ruta idónea a lo largo de la costa vasca; También contó con la ayuda de Jon, que realizó la asistencia en la mar durante las etapas en Gipuzkoa y de mí, Germán, patrón del Lady Chatterley, que hice la misma tarea en las aguas de Bizkaia. La labor del apoyo en la mar es vigilar que las condiciones meteorológicas sean seguras tanto para el nadador como para los piragüistas y proporcionar todo aquello que sea necesario en el momento, como agua, víveres, ropas, elementos de protección extra... además de estar en permanente contacto con el apoyo en tierra.

Por último, como organización financiadora de la aventura y coordinadora de los actos públicos, se hizo cargo Lokarri, cuyo lema “Abrir caminos útiles para el diálogo y la paz” encajaba muy bien en el propósito de la aventura. Este era el equipo que apoyaba a Carlos en el momento en que metía sus pies en el agua de Hondarribia la mañana del 1 de agosto de 2007. El cielo se abrió mientras entrábamos en el puerto. Menos mal que ya estábamos mojados.

LA TRAVESÍA

Pero ya se sabe que una cosa es diseñar un proyecto y otra muy diferente ejecutarlo. A excepción de los alemanes, los proyectos se tuercen y parecen siempre empeñados en llevar las cosas por el lado contrario al que se previó originalmente. Y si esto ya sucede en un proyecto en el que solamente intervienen personas, nos podemos imaginar qué será cuando, además, metemos a la imprevisible naturaleza en el escenario.

El invierno de este año fue muy extraño, con temperaturas altísimas que desconcertaron incluso a las plantas y los insectos (no digamos a los humanos). Y en perfecto equilibrio, el verano está siendo también muy raro, con un tiempo endiablado para estas fechas. Y así nos encontramos el primer día de la expedición con un parte meteorológico que pronosticaba mar gruesa (la escala Douglas de medición olas describe la mar gruesa como "olas de 2,5 a 4 metros que hacen peligrosa la navegación de las embarcaciones pequeñas. La espuma blanca de los rompientes de las crestas empieza a ser arrastrada en la dirección del viento. Aumentan los rociones.").

El Cantábrico no tiene buena fama entre los navegantes. Es un mar esquinado y rencoroso, de galernas repentinas y tierra a sotavento. El golfo de Bizkaia, en invierno, se ve sacudido por borrascas con vientos de 40 nudos, lo que no impide que, en verano, también de algún susto. Poco puedo contar de las primeras etapas, puesto que no estuve allí con ellos, pero sí sé que debió ser muy duro nadar y remar con semejante panorama. De hecho, cuando me incorporé a la aventura, en Lekeitio, lo primero que vi de Carlos fue una impactante colección de heridas, en sus hombros cuello y torso, producidas por el rozamiento del traje de neopreno. Así contado no parece nada pero me quedé sobrecogido por el número de ellas y el mal aspecto que tenían. Antes siquiera de cruzar unas pocas palabras con él, esas heridas ya me hablaban de una determinación fuera de lo corriente.

Lo segundo que me llamó la atención fue su equipamiento. Visto de lejos, parece un modernísimo juego de elementos diseñados especialmente para la natación en aguas abiertas: máscara, regulador, casco... todo ello de un negro uniforme que, una vez puestos, confieren a Carlos el confuso aspecto de un Darth Vader acuático, con tosidos guturales incluidos. Visto de cerca la ilusión se desvanece, no es el conjunto de prototipos finamente diseñados que parecía. En realidad son objetos completamente fuera de lugar: una visera de contable, una mascarilla de oxígeno de ambulancia, un tubo de aislamiento eléctrico, unas gafas de ventisca para la nieve... todos ellos cubiertos de cinta aislante negra para darles un aspecto homogéneo y que no "canten" demasiado. Su equipamiento es el resultado de una imaginación práctica sometida a un bajo presupuesto.

Carlos hereda, a la vez, la inventiva y el tesón cabezota de Shackleton: las heridas las trató con parches adhesivos y vaselina, el mal tiempo lo superó siendo fiel a su objetivo, y los problemas propios de la natación en la mar, sobre todo el estragante salitre en los ojos y aparato respiratorio, con sus pequeños inventos. Además, su entusiasmo es contagioso. Charlando sobre los motivos de la travesía caí en la cuenta de que yo también podía hacer mi pequeña reivindicación a título personal: me comprometí a realizar las tareas de seguimiento en la mar exclusivamente a vela, en defensa del Medio Ambiente y en comunión con el espíritu deportivo de todo el equipo. Solo arrancaría el motor en aquellas ocasiones en que las maniobras a vela supusieran un riesgo inaceptable para los piragüistas y el nadador.

La etapa Lekeitio-Bakio tuvimos un poco de suerte y el viento ayudó soplando en la misma dirección que nosotros aunque eso supuso también más incomodidad para nadar. Por contra, los piragüistas tuvieron que realizar más esfuerzo para frenar las canoas que para avanzar con ellas. Por mi parte, el velero, aún con el mínimo trapo que desplegué para no adelantar a mis compañeros, avanzaba muy rápido de tal manera que tuve que adoptar una táctica de zigzag para disipar el exceso de velocidad sobre rumbo y mantenerme siempre por detrás de ellos y lo más cerca posible. Supuso más esfuerzo físico que ir con el motor pero, sin duda, fue mucho más agradable y nos permitía incluso conversar cuando pasaba cerca de las piraguas. Doblamos los cabos Ogoño y Matxitxako sin incidencias notables y arribamos a Bakio 9 horas después de la salida.

Otra cosa fue la etapa Bakio-Getxo, la cual empezamos con la mar prácticamente llana y acabamos de nuevo con fuerte marejada. Al ser la última etapa todos estábamos muy animados y con ganas de cumplir los objetivos de la aventura. El parte de Salvamento Marítimo era bastante desalentador: probabilidad de galerna en las horas centrales del día. Aun así nos sentíamos muy confiados en nuestras posibilidades de modo que, tras una pequeña deliberación, decidimos continuar y evaluar la situación a medida que avanzara el día. Salimos con viento flojo del oeste, es decir, en contra, lo que facilitaba la respiración de Carlos y le permitía avanzar más cómodamente; en cambio, a nosotros nos lo hacía más difícil: Iñigo y Jesús tenían que remar con más ganas para vencer la ola y yo me harté de hacer bordos ciñendo contra el viento.

Con todo, la cosa fue muy bien hasta llegar a Cabo Villano, sobre el mediodía. La galerna no llegó, pero en su lugar se estableció en muy poco tiempo un viento noroeste de fuerza 6 a 7 acompañado de una marejada del demonio. Doblar Villano a nado hubiera supuesto un esfuerzo tremendo a todo el equipo porque hubieran tenido que dar un resguardo considerable a la costa para evitar las rompientes, de manera que propuse embarcar a carlos, pasar Villano navegando y que continuase después en un área más segura. No le hizo ninguna gracia y finalmente aceptó a regañadientes. Menos mal, porque si hubiera sido necesario le hubiera atizado con un remo y lo hubiera subido a bordo inconsciente antes que dejarle continuar con el mal tiempo que se estaba preparando. Las piraguas continuaron durante un tiempo por sus medios pero pronto vimos que el oleaje nos impedía navegar cerca unos de otros y ante el peligro de vuelco en las olas más grandes, decidimos embarcar a todos y llevarlas a remolque. Otra operación que así dicha parece una tontería, pero que quienes tuvimos que hacerla nos las vimos y deseamos para no matarnos en el intento.

Mientras tanto, Juanjo se volvía loco de desesperación llamándonos por teléfono para decirnos que en tierra habían desalojado las playas y no paraban de advertir del riesgo de galerna. Nosotros estábamos demasiado ocupados con los rociones y las turbonadas y no pudimos atender a sus llamadas ni siquiera para tranquilizar su preocupación. Una vez estuvimos todos a bordo seguimos con el planteamiento original de continuar la aventura fieles a nuestros principios y navegamos a vela hasta Barrika. Allí la meteorología fue aún a peor y tuvimos que resignarnos a continuar hasta la bahía de el Abra.

Al entrar en las aguas del Abra la situación volvió a hacerse segura con olas de "solamente" un metro de altura y Carlos, Iñigo y Jesús volvieron a echarse al agua para completar las 2 millas que restaban y entrar en el Puerto de Bilbao como unos campeones, acompañados de una tromba de agua que se desató justo cuando cruzábamos la bocana del puerto y que prestó una belleza exultante a aquel momento lleno de emoción.

En los últimos metros de la travesía se nos unió otro piragüista, un anónimo que tuvo el gesto de acompañarnos y de paso mostrarnos un curiosísimo aparejo de vela polinesia que se había fabricado para su piragua. Cuando llegamos al pantalán de recepción del Getxo Kaia, sobre las 18:15, ya nos estaban esperando Juanjo y algunos familiares, Rafa y su inseparable cámara y algunos medios de comunicación para cubrir la hazaña de Carlos. Las llagas y rozaduras hablan por sí solas del esfuerzo realizado por Carlos.

LAS CRÍTICAS

Que ha sido una hazaña no lo puede poner en duda nadie, hay muy poca gente que sea capaz de nadar y también de remar en piragua, en océano abierto. Para más emoción, han sido 5 días seguidos de tremendo esfuerzo diario. Y como guinda para el pastel, al menos 2 días han sido de mar y viento fuertes, como para asustar a las embarcaciones grandes así que no digamos a un nadador y 2 piragüistas. La valía del equipo ha quedado más que demostrada.

Ahora bien, demostrada... ¿ante quién? ¿De qué ha servido todo este esfuerzo? ¿Qué se ha ganado con ello? Es cierto que la noticia ha aparecido en algunos periódicos, incluso televisión y radio pero ¿es eso lo que se pretendía? ¿Era el plan original? Sí y no. O mejor dicho, era eso y también algo más. El plan era celebrar pequeños actos reivindicando la paz en las poblaciones por las que pasaba la travesía, era comunicar un deseo de paz, no desde un frío medio como la prensa o la TV, sino directamente desde quien mandaba el mensaje a quienes lo recibían en la plaza de su propio pueblo, a menos de 5 metros de distancia.

Porque eso es lo que cala en el alma de las personas: la visión directa, el diálogo directo, el poder ver y tocar a la persona que te está hablando y comprobar que no es un superhombre ni un extraterrestre, sino un tipo igual que tú que tiene algo que decirte y quiere saber tu opinión. Por ello, es de justicia afirmar que Lokarri ha suspendido de pleno en su cometido, se ha limitado a proporcionar un exiguo apoyo financiero, de alojamiento y poco más. En ninguna de las poblaciones por las que hemos pasado (Hondarribia, Donostia, Zumaya, Lekeitio, Bakio y Getxo) se ha realizado acto alguno ni se informó a los ciudadanos de la iniciativa, nadie sabía nada. Es tremendamente desolador para alguien que realiza un importante esfuerzo físico y psicológico llegar a puerto tras todo el día luchando en la mar y encontrar que no hay nadie a quien dirigirse. A pesar de todo, Carlos no dejó de nadar aun cuando día a día su ilusión por enviar un mesaje se fue haciendo añicos Creo que hubiera sido más honrado por parte de Lokarri no haberse comprometido y haber dejado así la oportunidad a otros que sí hubieran compartido más profundamente el espíritu de esta empresa.

Getxo Kaia también merece otro tirón de orejas. Tras llegar a su pantalán de recepción y hacer las declaraciones ante los medios sobre el desarrollo de la aventura, pedimos que nos dejaran hacer uso de sus duchas. Estábamos empapados y ateridos y solo queríamos un poco de agua caliente y secarnos para ponernos algo de ropa limpia. Nos lo negaron y además exigieron la retirada inmediata del velero de apoyo. Están en su perfecto derecho de hacerlo, por supuesto, son una empresa privada y pueden hacer lo que les venga en gana, pero ese no es en absoluto el comportamiento de la gente de mar. En incontables ocasiones he llegado a puertos en los que me han brindado una ducha tras una navegación dura con la mejor de las sonrisas. Nos fuimos y lo intentamos en el Real Club Marítimo el Abra donde, por contra, sí nos permitieron ducharnos e incluso nos convidaron a unos pintxos al enterarse de la proeza de Carlos quien regaló al club una foto autografiada como agradecimiento. Un estupendo club con solera y mucho mejor conocimiento de las buenas maneras. Iñigo y Jesús realizaron una magnífica labor en condiciones muy duras.

CONCLUSIONES

En mi opinión personal, dudo mucho de la efectividad de este tipo de iniciativas, en lo que a los procesos de paz se refiere. Creo que quienes no se preocupan por la paz tampoco lo hacen por estas cosas así que es casi imposible que el mensaje les llegue. Sin embargo, siempre que alguien me propone participar en uno, suelo aceptar sin pensarlo 2 veces. ¿Por qué lo hago? Lamento decir que es por puro egoísmo: como Carlos, Jesús, Iñigo y Juanjo, ésta es mi manera de expresarme y no me importa tanto que alguien me escuche como tener algo que decir. De esa manera sé que estoy vivo y que mi pelo no va encaneciendo inútilmente.

Compartir por unos días una ilusión, un esfuerzo y en ocasiones los apuros e incluso el miedo inherentes a un reto en la Naturaleza hace que entre los componentes de los equipos surjan vínculos desconocidos para los urbanitas. Suena a tópico pero quien ha vivido la sensación de saber que tu vida puede estar en manos de otro y la suya en las tuyas, sabe bien de qué hablo. Y ésa es, posiblemente, la razón más poderosa que me mueve hacia estas actividades. En esta de hoy, he tenido la gran fortuna de conocer a 4 personas excepcionales con las que espero compartir más aventuras en el futuro.

Y en cuanto a la paz y el medio ambiente, bueno, sé que nosotros seguiremos respetándolo y haciendo cuanto podamos por difundir el mensaje. También sé que no somos más que motas de polvo en el cosmos y que, hagamos lo que hagamos, nada tendrá demasiada importancia dentro de un par de miles de años. Puedo mostrarme optimista.

Genio y figura. Lo primero que pidió Carlos al llegar fueron... ¡Dos cañas!

Germantxu, Agosto 2007.

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